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Un sueño es sólo un sueño… ¿o no?

¿No te has preguntado alguna vez… por qué habré soñado esto?

A veces los mensajes de los sueños son proyectados en su versión más disparatada: situaciones absurdas, lugares extraños, nos pueden hacer sentir bien, si en el sueño nos toca la lotería o nos puede angustiar bastante cuando son desagradables.

Un hecho es, que mientras dormimos el centro de la lógica es la única parte del cerebro que deja de funcionar, por lo tanto, si estamos preocupados, felices, con miedo, todos los recuerdos y experiencias pasadas almacenados en el hipotálamo pueden florecer debido a nuestro estado emocional. En el fondo el cerebro tiene una gran plasticidad y trata de relacionar esa parte más inconsciente con piezas de nuestra realidad.

Todas las personas tenemos sueños, sin excepción, se generan en la fase REM, la más profunda del sueño y al despertar sólo podremos acordarnos del 10%.

Si sumáramos todo el tiempo que estamos soñando a lo largo de nuestra vida podríamos llegar ¡hasta los 6 años!

Como curiosidad, muchos inventos y descubrimientos se han realizado o ayudado a realizarlos tras un sueño que han tenido sus inventores, esto son alguno de ellos:

  • La insulina. Frederick Grant Banting
  • Las agujas de la máquina de coser. Elias Howe
  • La ubicación de La Tabla Periódica. Dimitri Mendeléiev
  • La estructura del átomo. Niels Bohr
  • La estructura del benceno. Friedrich August
  • El avión Antonov An-22 Antei. Oleg Antonov

Muchas son las personas que han indagado en el mundo del subconsciente buscando respuestas, uno de los más famosos y antiguos es Sigmund Freud. Neurólogo y padre del Psicoanálisis dedicó una buena parte de su vida a dar un significado a las imágenes y sonidos de los sueños. Su obra más influyente fué “La interpretación de los sueños” (1899). El médico checo definía a los sueños como la satisfacción simbólica de un deseo reprimido.

En 1909 le fue concedido el título honorífico de Doctor Honoris Causa para así también lograr que difundiera todos sus conocimientos a más personas y países.

Al final nuestros sueños son el reflejo de alguna parte de nosotros conectada o todavía por conectar. ¡Sigamos soñando!

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